La primitiva flauta dulce en La Corona de Aragón a finales del siglo XIV

Jordi Ballester

No hay duda de que la flauta -si tomamos esta denominación en un sentido genérico- es uno de los instrumentos musicales más antiguos usados por el hombre. Sin embargo la flauta dulce, entendida como la flauta de bisel con siete agujeros en la parte delantera y un octavo en la parte trasera para el dedo pulgar, es una invención relativamente reciente que se remonta a finales del medioevo. Esta afirmación, ampliamente aceptada en la actualidad por la mayoría de musicólogos, ha sido defendida en los últimos años por investigadores de la talla de Howard Mayer Brown o Anthony Rowland-Jones.

El profesor Howard Mayer Brown dedicó precisamente el último trabajo antes de su muerte en 1993 a la flauta en Italia durante la Edad Media y el Renacimiento. En dicho trabajo, publicado póstumamente dentro del libro The Cambridge Companion to the Recorder, el profesor Brown sugiere que a finales del siglo XIV la flauta dulce ya existía en Francia pero todavía no era conocida en Italia. Pocos años más tarde, en 1996, era Anthony Rowland-Jones quien reflexionaba en torno al origen de la flauta dulce en una serie de artículos publicados en la Revista de Flauta de Pico.

Según Rowland-Jones, los únicos restos arqueológicos de la flauta dulce que se conservan del siglo XIV proceden de Holanda -se trata de los restos de la llamada flauta de Dordrecht, encontrada en 1940 en el castillo de Merwede próximo a dicha ciudad y que se conserva en el Gemeentemuseum de La Haya- por lo que resultaría lógico pensar en un origen norte europeo del instrumento. No obstante, el propio profesor Rowland-Jones llamaba la atención sobre la existencia de dos representaciones iconográficas de la flauta dulce en la Barcelona de finales del mismo siglo XIV, y apuntaba la posibilidad de que la flauta dulce apareciera y se desarrollara inicialmente en círculos próximos a la corte catalano-aragonesa o tal vez a la corte papal de Aviñón, centros de reconocido liderazgo musical durante el Ars nova.

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Maestro de Longares, Virgen del lirio. Museu Nacional d’Art de Catalunya

La presente comunicación pretende ampliar la contribución del profesor Rowland-Jones, aportando una serie de representaciones y documentos del siglo XIV relacionados con la flauta, y referidos no solo a Barcelona sino a los distintos territorios peninsulares que integraban la antigua Corona de Aragón, es decir: Aragón, Cataluña y Valencia.

Entre los años 1986 y 1993 dediqué buena parte de mi tiempo a la búsqueda y catalogación sistemática de pinturas catalano-aragonesas sobre tabla, fechables en los siglos XIV y XV, que se conservan hoy en museos, archivos o colecciones particulares. Un primer fruto de esa recopilación fue publicado en 1990 en la Revista de Musicología: se trataba de un catálogo con 141 retablos marianos con ángeles músicos entre los que se contaban 18 representaciones de flauta dulce; ya el profesor Rowland-Jones citaba este catálogo en su artículo, afirmando que “este nivel de incidencia (la proporción de 18 representaciones sobre las 141 conservadas) aunque pequeño, no puede hacerse paralelo con el de ninguna otra región de ningún país durante el período en cuestión”. Pues bien, este “nivel de incidencia” prácticamente se mantiene en el catálogo final, que recoge todo tipo de temas iconográficos (relacionados de una forma u otra con la música) y lo integran un total de 315 pinturas, 27 de las cuales incluyen representaciones de flauta dulce (a las que hay que añadir 4 representaciones de flauta doble y otras 7 del conjunto de flauta y tambor).

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Monestir de Sant Cugat de Vallès

Sin embargo, resulta que de las veintisiete representaciones de flauta dulce catalogadas, solo tres se remontan a la segunda mitad del siglo XIV; las restantes datan del siglo XV. El profesor Rowland-Jones ya llamó la atención sobre dos de estas tres pinturas: se trata de dos tablas barcelonesas con la Virgen y el Niño procedentes del taller de los hermanos Serra que se encuentran actualmente en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (en Barcelona) y en el Centre de Restauración de Béns Mobles del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya (en Sant Cugat del Vallès). Las flautas que aparecen en ambas representaciones responden claramente al tipo flauta dulce, ya que en ellas no solamente puede apreciarse la ventana situada debajo de la embocadura que identifica el instrumento como una flauta de canal de soplo directo, sino que en ambas se distingue perfectamente el doble agujero alternativo para el dedo meñique, izquierdo o derecho, característico de las flautas de ocho agujeros; además, la posición de las muñecas hacia abajo parece facilitar el movimiento del dedo pulgar en su misión de tapar un posible agujero situado en la parte posterior del instrumento.

El origen barcelonés de estas dos tempranas representaciones, el carácter cosmopolita de la ciudad condal a finales del siglo XIV -sobre todo por sus contactos con Francia- y la intensa actividad musical de la corte -especialmente durante el reinado de Juan I (1387-96)-, conducían al profesor Rowland-Jones a afirmar que la flauta dulce “divulgó su sonido característico por primera vez en la corte real de Aragón en Barcelona”, y que “poco después (desde principios del siglo XV) se estableció sólidamente en el Reino de Aragón”).

[…]

El primer indicio, y más relevante es la existencia de la tercera representación de flauta dulce fechable con toda probabilidad a finales del siglo XIV, y en consecuencia contemporánea a las pinturas del taller de los hermanos Serra, que procede de la iglesia de Longares -población aragonesa situada a unos pocos quilómetros al sur de Zaragoza-; se trata de un retablo conocido como la Virgen del Lirio, que actualmente pertenece a los fondos del Museu Nacional d’Art de Catalunya, y que representa a la Virgen con el Niño rodeada de seis ángeles (cuatro de los cuales tocan instrumentos musicales: arpa, flauta dulce, salterio y guitarra). […] Es cierto que el Maestro de Longares no es demasiado preciso a la hora de mostrarnos los detalles de la flauta, pero tanto la “ventana” situada debajo de la embocadura, como la posición de las muñecas colocadas hacia abajo (muy parecida a la posición que adoptan los ángeles músicos de los retablos de los hermanos Serra), parecen indicar con un estrecho margen de duda que se trata efectivamente de una flauta dulce.

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Pere Serra. Retaule del Monestir de Sant Cugat del Vallès

Además de los tres retablos mencionados hasta aquí, existe una cuarta representación catalano-aragonesa de la flauta dulce también fechable en torno a la segunda mitad del siglo XIV. Se trata de una tabla anónima catalana dedicada a la Natividad que se conserva en el Musée de la Chartreuse (Douai, Francia). […] El profesor Rowland-Jones “descubrió” la pintura en un reciente viaje por Francia, evidentemente mucho después de la publicación de su artículo sobre la flauta dulce en el arte catalán. en cualquier caso, esta representación contribuye a confirmar la presencia de la flauta dulce en la Corona de Aragón a finales del siglo XIV.

 El siguiente dato que me induce a pensar en la temprana difusión del instrumento por los territorios de Aragón, Cataluña y Valencia, se desprende de otra de las observaciones del profesor Rowland-Jones con la que estoy completamente de acuerdo: la corte catalana-aragonesa fue el eje principal en torno al cual se desarrolló la presencia de la flauta dulce en la Corona Aragonesa. Sin duda la actividad musical de la corte durante el reinado de los tres último monarcas de la dinastía de la Casa de Barcelona -Pedro el Ceremonioso (1336-87), Juan I (1387-96) y Martín I El Humano (1396-1410)- situó La Corona de Aragón en la vanguardia musical a finales del Ars nova. Dicha actividad musical la encontramos magníficamente reflejada en el Archivo de la Corona de Aragón, uno de los fondos documentales mejor conservados de Europa que recoge con detalle el día a día de una corte bajomedieval,  reseñando -a través de las cartas de los monarcas y los certificados de pago- las idas y venidas de muchos de los principales compositores, cantores e instrumentistas de la época, así como los instrumentos musicales que estos utilizaban. Pues bien, también gracias a estos documentos podemos afirmar e los monarcas catalano-aragoneses viajaban con mucha frecuencia a lo largo y a lo ancho de sus reinos, realizando largas estancias en diversas ciudades de la confederación, ya fueran sus capitales -Barcelona, Zaragoza o Valencia-, ya fueran otras poblaciones como Figueres, Girona, Huesca, Monzón, Perpiñán, Sant Cugat del Vallès, Sant Feliu del Llobregat, Vic o Vilafranca del Penedés […]. No cabe duda de que en tales desplazamientos y estancias los reyes se hacían acompañar por buena parte de la corte, incluyendo por supuesto a sus músicos. En estas circunstancias no debería sorprendernos en absoluto la presencia de la flauta dulce en un retablo como el del Maestro de Longares, localizado en pleno corazón de la región aragonesa a finales del siglo XIV.

 

Fragmento extraído de la Separata de Campos interdisciplinares de la musicología, Volumen II, V Congreso de la Sociedad Española de Musicología, Barcelona, 25-28 de octubre de 2000. Publicado en Madrid (2001).

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